Hotel de Lujo

TIKEHAU….EL DESTINO SOÑADO.

La belleza natural en modo “paisaje” provoca sensaciones en el hombre, muy difíciles de describir con palabras, al punto que el impacto que nos deja atónitos frente a la magnitud de lo que tenemos ante nuestros ojos solo pueda reflejarse en la frase: “me bloqueó la mente y el corazón estalló en lágrimas”. Algo de eso ocurrió cuando un grupo de periodistas, de la mano del cordobés-maorí Jorge Simonelli, se acercó en una moderna lancha, al muelle del Tikehau Pearl Beach Resort.

Tikehau Pearl Beah Resort
Tikehau – Polinesia

La estadía en la Isla Tikehau fue la frutilla del postre de un viaje de prensa por ese destino increíble que es la Polinesia Francesa, periplo minuciosamente planificado por Tahití Travel (del inquieto Simonelli) y la Oficina de Promoción Turística de Polinesia.

Tras un increíble vuelo de una hora desde Papette (después de 10 días en la capital, Huaine, y otra media docena de islas de la Polinesia Francesa) la comitiva fue recibida con todas las tradiciones en el pintoresco aeropuerto de Tikehau (no llega a 500 habitantes) y desde allí trasladada en un pequeño catamarán al espléndido hotel.

En el embarcadero del resort, un grupo de empleados vestidos de blanco tributó la bienvenida; mientras una joven maorí hacía sonar una “concha de caracol”, otras acercaban a los viajeros copas de champagne o tragos frutales, en una recepción que hacía presagiar el comienzo de una estadía inolvidable.

En verdad,  así ocurrió. Fueron 3 días intensos en un paraíso diminuto pero plagado de acontecimientos que comenzaron con el alojamiento en los bungalows sobre el mar, un encuentro de organización de las actividades en una enorme piscina que se confundía en el fondo con el agua del mar, y con la cena de recepción por parte del gerente del Tikehau Pearl Beach Resort.

Por las noches solo el cansancio nos permitió conciliar el sueño ya que todos pasamos largos momentos en cada bungalow, observando la vida submarina desde el rectángulo vidriado en el piso de cada habitación.

Durante la estadía en el lugar, además de disfrutar intensamente cada uno de los sitios del hotel (playas, piscinas, bares, kayacs, centro comercial) realizamos excursiones donde pudimos estar en contacto con tiburones, recorrer la Isla de los Pájaros, visitar la granja naturista de una congregación china, presenciar la “caza de pescados” con lanza y compartir un picnic playero con la degustación de esos mismos pescados a la parrilla. Para cada una de esas experiencias se requerían traslados de largos minutos en pintorescos catamaranes, en los que apreciábamos innumerables motus (diminutas islas deshabitadas) y la fauna marina en las transparentes aguas del Pacífico.

Fueron días verdaderamente inolvidables, en un destino maravilloso y recóndito del Pacifico Sur, sitio visitado por muy pocos cordobeses (pero siempre recordados por tratarse de verdaderos personajes, al decir del gerente del hotel).

Fue difícil emprender la retirada (el regreso) porque todavía no se había superado aquella impresión inicial de tener la mente bloqueada y el corazón estallado en lágrimas, situación generada por muy pocas circunstancias en la vida.